Están apostados en su pobreza y marginalidad, allí frente al Palacio legislativo de Salta. Portan carteles, consignas, militancia social y política, pero lo más importante de todo es que llevan consigo, de modo ineludible, el hambre y la miseria, consecuentes a las crueldades de un sistema de Gobierno que sólo fija como objetivo de bienestar, el enriquecimiento ilimitado del sector elitista que tiene todo a su favor. 

Salta, castigada por las enfermedades de la pobreza, la falta absoluta de políticas en resguardo de las personas más vulneradas por el neoliberalismo financista y ahora evidentemente dispuesta a manifestarse por la EMERGENCIA ALIMENTARIA. Este norte pequeño como distrito electoral que está trazado por la urgencia y la proclama de un gobernador delirante en sus apetencias presidenciales que comerció con su población ante la banca timbera del MACRO. Esta es la realidad, donde los pobres no son alimentados, ni tienen la posibilidad de un trabajo genuino y estable; son migrantes de la periferia, cercada por la Policía y su constante brutalidad de acción, criminalizando la miseria. 

Corren tiempos electorales y sólo se fijan quiénes pueden ser favorecidos o no, políticamente con los reclamos justos, válidos e inocultables. 

En esta semana, la hipocresía del Ministerio de Salud Pública, llevó a sostener que la ayuda humanitaria de una organización civil conformada por Enfermeros, mentía sobre las muertes por desnutrición, tuberculosis, chagas, entre otros padecimientos, en las poblaciones originarias del Chaco Salteño, siendo más que evidente, la puesta en escena y sus cuantiosos dineros puestos en la propaganda en lugar de la alimentación de las personas. Sin precedentes en la crueldad, salvo si nos remitimos a los oscuros corredores de la historia humana, en los crímenes por odio y el exterminio de las poblaciones y minorías sociales. 

Ph. SNI. GNavarro 


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