Roberto Lavagna, como Espert y Gómez Centurión, quedaban a mitad de sus exposiciones sin un manejo consciente de los minutos para exponer las ideas que sustentan a sendas candidaturas presidenciales. Por su parte Nicolás Del Caño, hizo apelaciones y homenajes a problemáticas fuera del contexto nacional como para ganar adeptos en las audiencias de redes sociales. Macri iba solo como uno más de quienes adhieren a la derecha y Alberto Fernández, quedaba como el único que fue preparado a una exposición de esta índole.
Lavagna llegó a proponer repetir el modelo educativo del siglo XIX, Gómez Centurión y Espert, reivindicaron al terrorismo de Estado de los setenta, mientras Nicolás Del Caño parecía el jefe de gabinete de Mauricio Macri, tratando de soslayar el brillante desempeño de un Alberto Fernández, totalmente crítico con su principal oponente, el oficialismo.
El primer debate presidencial argentino, en un contexto delicado para toda Sudamérica, encontró a una plana política dividida en dos modelos económicos fuertemente diferenciados, el del Frente de Todos, con un eje popular innegable y el de Cambiemos, con mayor profundización en la brecha económica financista de la actualidad. Las restantes posiciones presentadas quedaron diluidas en oradores que no supieron explicar acertivamente propuestas reales. Lavagna atrapado en el pasado de su gestión como ministro técnico de la presidencia K y Gómez Centurión, represivo, liberal y hostil con los viejos enemigos de la represión militar de los setenta; los sindicatos. José Luis Espert concentrado en derribar el único acuerdo de mercados internacionales que sostiene Argentina; el MERCOSUR.
Del Caño, repitió hasta el hartazgo los esloganes de la Izquierda pero sin explicar el cómo de las propuestas que no bajan a la realidad de lo aplicable en un país en crisis. Las apelaciones a no pagar la deuda externa, la pelea con las bancas financieras y el consabido "que la fiesta la paguen los otros" pero sin un sólo dato técnico que respondan al qué, al cómo o al cuándo.

Un párrafo aparte merecen los moderadores del Grupo América y Clarín, confundidos con los tiempos y sin más tarea que la de anunciar asignación de temas, personas y orden de expositores.
La transmisión televisiva en el canal TN -grupo Clarín- incumplió las disposiciones de la ley nacional y realizó comentarios tendenciosos en medio de las exposiciones realizadas en la Universidad Nacional del Litoral en la Provincia de Santa Fe.
La próxima edición de este debate presidencial será en siete días en la Facultad de Abogacía de la Universidad de Buenos Aires, con otro equipo de moderadores y con los mismos expositores.
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